Mientras que la mayoría de los aparatos descritos en esta página fueron la culminación del trabajo de muchos hombres, la cremallera fue la invención de un solo hombre y se hizo práctica por otro. Las primeras patentes fueron expedidas en la década de 1890. Sin embargo, no fue hasta 1913 que la cremallera, tal como la conocemos hoy en día, fue perfeccionada y necesitó 10 años antes que los fabricantes la consideraran para los zapatones y para ropa confeccionada.

El apretador debía ser flexible, relativamente a prueba de accidentes (al principio tenía el hábito infortunado de romperse) y, muy importante, debía inventarse la maquinaria automática para sujetar las piezas individuales de metal que componen la cremallera.

Hoy en día, la mayoría de los pantalones y vestidos tienen al menos una cremallera. Estas se hacen de metal o de plástico, y se venden en distintos tamaños, resistencias y colores, y algunas son impermeables.

A menudo olvidamos cuán fuerte es la cremallera, y no obstante cuán fácil se abre. Una cremallera “atascada” puede ser uno de los mayores problemas que puede enfrentar una señora. Veamos lo que sucede cuando una cremallera es cerrada, cómo se mantiene fija y cómo se abre.

La cremallera consta de tres partes: docenas de ganchos de metal o plástico idénticos, dos fajas de tela con uno de los bordes instalado en forma de varilla, y una corredera en forma de Y que abre y cierra el apretador. Los ganchos tienen “garras” en un extremo para agarrar la varilla de la faja o tela; y en el otro extremo, los ganchos están modelados en punta y con un hueco de adaptación en la “espalda”

Las máquinas automáticas sujetan los ganchos en la faja en los espacios determinados. Se colocan dos fajas lado a lado, con sus ganchos frente a frente, y la corredera los engrana. Ordinariamente, la parte inferior de la cremallera es cocina o engrapada para que las dos fajas no puedan ser separadas por completo y la corredera no pueda salirse de la cremallera.

Obsérvese que la faja de tela es flexible; puede ser doblada para ampliar los ganchos, separar sus extremos modelados, y los ganchos puedan ser posteriormente interconectados en un engranaje preciso. La corredera suministra un medio fácil de unir las dos fajas; se puede hacer a mano si la persona es cuidadosa y paciente, y esto es a veces necesario cuando se rompe un gancho o se quiebra la cremallera. Los problemas de las cremalleras pueden ser catastróficos, y lo peor es probablemente un gancho perdido. La considera funciona solamente en un sentido en cada dirección: engrana y separa.

Si se ha engranado y la cremallera se abre abajo, las secciones separadas pueden ser reunidas mediante la corredera, pero deben ser unidas a mano. Además, cuando la corredera ega al lugar abierto puede apiñarse o deslizarse una faja enteramente.

Menos permanente pero también problemática es la corredera apiñada; no se mueve arriba o abajo, probablemente porque ha agarrado un pliegue de la tela, usualmente en la cara inferior donde la persona no puede verla o alcanzarla.

En general, la cremallera es fuerte y segura. Es hecha por distintos fabricantes, ahora que las primeras- patentes han caducado, y probablemente será la más popular de las correderas hasta que aparezca una mejor y más brillante invención.

Existe un competidor nuevo en el mercado. Velcro está hecho de dos cintas fuertes: una está cubierta con muchos ganchos flexibles de plástico que emergen del lado liso de la cinta; la otra está cubierta con un aparejamiento de muchas argollas de hilo.

Cuando se presionan las dos cintas los ganchos se unen en las argollas produciendo un apretamiento estrecho. Velcro es separado apartando las dos cintas como se hace en un pedazo de cinta pegante. Los ganchos se abren y liberan los hilos sin dañarse ellos mismos o las argollas.

Velero es algo más grueso que una cremallera, por tanto es menos deseable como apretador de ropa. Su ajustabilidad es a veces una ventaja (un cinturón, por ejemplo) pero sin valor para un pantalón o el lado cerrado de un vestido.