Luis XVI, muy tímido y modesto para aprovechar sus prerrogativas de esposo con la encantadora María Antonieta, hallaba solaz en la cerradura. Él no fue el primero en fascinarse en lo que podían hacer unos pedazos de metal, resorte y madera para producir o hacer una puerta de roble con remaches, inexpugnable desde el exterior.

Hoy en día, se pueden comprar cerraduras para el cuarto de baño, las puertas de las casas, las bicicletas, y candados, cerraduras de combinaciones, cerraduras de seguridad, cerraduras temporizadas o cualquier cosa que el genio de invención de la humanidad ha podido producir durante 20 ó 30 siglos.

La cerradura más sencilla es probablemente la de armario, cuya llave es una barra con una plaquita metálica perforada que está en su extremo. La placa metálica ha sido hecha para pasar una serie de obstáculos en la puerta y girar libremente en un solo giro. Esto permite empujar un pasador que está en el cerrojo y por tanto mover el pasador adentro o afuera del montante. El problema consiste en que se puede hacer llaves maestras, una de las cuales debe pasar los obstáculos de la puerta, y prácticamente cada tercer cerradura de esta casa.

Un diseño más ingenioso es la cerradura de la puerta de la calle, que presenta la misma apariencia de todas las llaves aunque abre solamente una puerta. La llave es un pedazo liso de metal con ranuras y aristas en los lados, las cuales deben corresponder exactamente a las del hueco de la llave o de lo contrario no puede introducirse en la cerradura. En el borde superior de la llave hay una serie de “picos y valles” que definen la cerradura y dicha llave. Ellos son diseñados para que correspondan a una serie de pequeñas barras en la cerradura.

Cuando se introduce la llave las barras suben y bajan los “picos y valles” de la llave hasta que entre totalmente. En esta etapa la barra inferior de cada par alcanza a la superior del fuste, es decir, la parte que se gira para abrir la puerta.

Puesto que los extremos de la barra se alinean, el fuste puede ser girado libremente y la cerradura se abre. Más interesante quizás es cuando se mete la llave equivocada: las barras se levantan a distintos niveles en sus ranuras y al menos una, y probablemente varias, están a lo largo de la línea divisoria entre el fuste y el cilindro que lo rodea. No se puede girar el fuste sin que las barras de bloqueo la detengan.

Los cerrajeros tienen un gran muestrario de barras de distintos tamaños, y pueden cambiar la cerradura en pocos minutos cambiando las barras o reordenándolas en el fuste. Claro está, se requiere una nueva llave.

Existen otras dos clases de cerraduras: la de combinaciones y la temporizada. La primera tiene la ventaja de no necesitar llave. Funciona mediante una serie de números: para evitar un olvido, mucha gente recuerda los números de la fecha de sus cumpleaños, los números de sus teléfonos o los números de sus casas. Ladrones expertos ensayan usualmente una serie de estas combinaciones antes de pasar a otros métodos más explosivos para obtener las joyas de la familia.

Las cerraduras de combinaciones funcionan sobre el principio de alineación. Tres discos giran libre e independiente mente sobre el mismo eje, juntos. Cada una posee una ranura cortada en su borde y cada par adyacente tiene lengüetas que se engranan mutuamente cuando los discos son girados.

La perilla está conectada al disco frontal del conjunto, y cuando se gira en una dirección, la lengüeta del disco frontal agarra primero el disco del medio, el cual a su turno agarra el último; de este modo, la perilla hace girar los tres discos a la vez.

Se hace girar la perilla dos veces y luego hasta un número determinado. Esto coloca al último disco en su ranura que señala la dirección deseada. En seguida se devuelve la perilla para un giro total a fin de agarrar el disco central desde el otro lado de su lengüeta; y se continúa en esta dirección hasta la lectura del número que corresponde a la posición del disco con su ranura alineada exactamente con el último disco. Luego se gira la perilla hacia adelante otra vez durante una corta distancia para alinear la primera ranura con las otras dos.

Cuando se han alineado los tres discos, las ranuras liberan un mecanismo y el arca puede ser abierta. Como el lector puede imaginar, las variaciones sobre este principio son interminables. Los “tumbadores” pueden caer en las ranuras para pasar la cerradura, aunque los ladrones han hecho últimamente impopulares estos diseños.

Probablemente la más segura de todas es la temporizada, que cierra la puerta de seguridad aun para su propietario durante determinadas horas del día o la noche. El reloj permite que la combinación sea usada con éxito solamente, por ejemplo, entre nueve y nueve y media de la mañana cuando los ladrones no están cerca de los bancos.