Existen dos clases de bombillas en la actualidad y una tercera aparecerá pronto. La bombilla de tungsteno es la más antigua y la más conocida: tiene un globo de vidrio claro o esmerilado unido a un enchufe de bronce; por dentro, una varilla de cristal sostiene una estructura de alambre con un filamento (alambre en forma de zigzag o enrollado) de tungsteno. Cuando la electricidad fluye por el filamento, éste se calienta y se convierte al rojo vivo y luego al blanco. Esto se llama incandescencia, y con esta luz leemos, escribimos, trabajamos, etc.

El globo de vidrio es evacuado (el aire es sacado) para evitar que el filamento de tungsteno se queme muy pronto Usualmente el aire es reemplazado por otros gases no reactivas (el nitrógeno, por ejemplo). Cuando el filamento se quema se rompe, y se escucha algo que cae en el vidrio cuando se agita la bombilla.

La segunda clase es el tubo fluorescente, que reduce el problema de calor porque emite la misma cantidad de luz con mucho menos calor. También significa que la misma cantidad de luz se puede obtener con cuentas más bajas.

El tubo fluorescente está lleno de vapor de mercurio que actúa como el ligamento o filamento entre los anillos de contacto en los extremos del tubo. El vapor de mercurio emite luz ultravioleta (invisible) cuando la corriente fluye. Los rayos ultravioletas tocan una capa fosforescente en el interior del tubo, el cual se enciende en forma brillante.

La tercera clase se llama electroluminiscencia: depende de la propiedad de ciertos materiales (llamados fósforos) para brillar y encenderse cuando se exponen a la tensión eléctrica alterna.

Una capa de metal delgada y transparente se extiende sobre un panel de vidrio. Una capa dé fósforo electroluminiscente es colocada en el metal y una hoja delgada de metal completa la combinación. Cuando la corriente alterna se conecta a las dos capas conductoras, el fósforo se enciende.

La luz electroluminiscente produce poca corriente y el panel liso, no sólo un filamento o tubo, se enciende. El panel puede ser pulido, cortado (para el tablero de instrumentos del automóvil) y montado en el techo, el piso, la pared o la escalera para colocar la luz donde se quiera. Es fresca, debe durar dos años y es eficiente.

Queda por resolver un problema importante: la cantidad de luz emitida por el panel es relativamente baja. Aunque se cubra todo el techo para dar luz a un cuarto, aún queda oscuro para leer.

La producción en masa y refinaciones posteriores resolverán estos problemas y la próxima década debe verse la adopción general de estas nuevas luces.