La década de 1950 puede pasar a la historia como la época del “oído dorado”, es decir, lo último en sensibilidad acústica. La alta fidelidad comenzó como un pasatiempo del ingeniero eléctrico, un intento de avanzar la invención del gramófono de Edison. Era obvio que la música grabada, en especial la música clásica, sonaba distinto de los discos de laca de 78 RPM que en el salón de concierto. Como la teoría del sonido, su naturaleza y creación estaban bien establecidas, los ingenieros se preguntaban por qué el sonido de la sala de conciertos no podía ser duplicado en las casas.

La respuesta fue: sí, pero dentro del límite. Nuevos materiales de discos irrompibles, mejores preamplificadores y amplificadores y mejores sistemas de bocinas han traído el sonido grabado hasta el punto de que las audiencias de las salas de concierto puedan ser “engañadas” en que pueden escuchar una orquesta detrás de la cortina en un escenario, cuando todo el sonido viene de tres bocinas instaladas por el ingeniero de grabación. Los músicos están fumando afuera, en sus camerinos.

¿Cómo funciona? Ante todo, el lector debe leer la sección sobre Sonido a fin de conocer la naturaleza de la materia prima con la cual trabajamos. Luego, leer lo relacionado con Tunos DE VACÍO para algunos antecedentes en los accesorios comerciales. Después, regresar a esta sección y seguir una onda sonora desde la trompa acústica hasta el disco y luego a la sala de su casa. En esta sección estudiaremos el sonido grabado en disco. Para Mino y GRABADORA, véanse esos títulos por separado.

La serie de ondas sonoras (compresiones y enrarecimiento en el aire) es recogida por un micrófono y transformada en señales eléctricas. El voltaje generado por el micrófono sube y baja a medida que la compresión y luego el enrarecimiento pasan por el micrófono. Esta transformación de energía del sonido en energía eléctrica sucede muy rápidamente (sonidos altos graduados pueden variar de máximo a mínimo y viceversa quince mil veces por segundo) y por tanto el micrófono debe poder responder a estas velocidades. Además, el micrófono no debe deformar el sonido cambiando la forma de la onda cuando la transforma en energía eléctrica.

Los sonidos reales son muy complejos. La mezcla de sonidos de varios instrumentos tocados al mismo tiempo dan a la onda una forma muy irregular. Pero si el sonido que debe reproducirse en la casa es una buena réplica de lo que sucede en la sala de conciertos, cada peculiaridad y giro en la forma de la onda de sonido debe ser reproducida fielmente. De ahí el término alta fidelidad.

Los micrófonos se hacen para que puedan realizar ese trabajo. Su único problema es que la salida de señal eléctrica es muy débil, y debe ser amplificada mediante circuitos de tubos de vacío. Por tanto, la señal del micrófono va a una caja eléctrica donde es amplificada en proporciones de buen tamaño.

En esta etapa la señal amplificada retiene exactamente la misma forma de la curva del sonido original; será modificada en la grabación (véase igualamiento, en esta sección) pero debemos suponer que no se han hecho modificaciones. La señal va a una máquina especial para grabar discos usada para labrar un surco sinuoso en el material suave ceroso. Una aguja puntiaguda es presionada en el disco y luego, a medida que el disco gira bajo la aguja, ésta se mueve rápidamente de un lado a otro en respuesta a las señales eléctricas provenientes del amplificador.

Este proceso “congela” las ondas sonoras en un surco perfilado del disco. Mediante una serie de procesos un disco metálico matriz es hecho de la grabación, del cual a su vez se hacen millares de duplicados de vinilo para la venta. Cada disco tiene exactamente los mismos surcos perfilados grabados originalmente del micrófono y las señales del amplificador.

Luego se puede tomar el disco, ponerlo en un plato giratorio a la misma velocidad de la máquina de grabación original y colocarlo bajo un fonocaptor en el surco inicial. Cuando el surco gira, la aguja fonocaptora va de un lado a otro del surco y una señal eléctrica es generada en el fonocaptor que duplica con exactitud la señal eléctrica producida originalmente por el micrófono. De nuevo esta es una señal muy débil y por tanto debe ser amplificada mediante circuitos de tubos de vacío para hacerla bastante poderosa a fin de hacer funcionar el parlante.

El parlante recibe la señal amplificada y pone a un cono a moverse de un lado a otro en respuesta a las señales eléctricas. El movimiento de vaivén produce compresiones y enrarecimientos en el aire del cuarto, y en esta forma el sonido original escuchado por el micrófono se recrea en la sala de la casa.

Obviamente, este es un proceso muy complicado. El sonido original pasa por tantos equipos que es difícil que pueda ser reconocible cuando salga por el parlante, mucho menos una “réplica fiel”. No obstante, el genio de los ingenieros que inventaron y perfeccionaron este sistema es tal que muchas personas no pueden saber la diferencia: los sonidos vivos o “enlatados” son muy parecidos para sus oídos.

Una parte de esta perfección se origina en una buena compresión y compensación de los problemas. Por ejemplo, deformación es el nombre que se da a una variación en la forma de la curva cuando es transformada. Cada componente de la serie es deficiente en la perfecta duplicación por una cantidad pequeña y mesurable. Si el total excede el 15%, es decir, si el sonido reproducido difiere un 15% del original, dicho sonido no puede ser llamado alta fidelidad. Ahora bien, 15% puede parecer mucho, y lo es. He aquí algunas cantidades típicas de deformación en un sistema de esta clase:
Micrófono 2,0%
Amplificador 0,3%
Grabador 2,0%
Duplicador 1,0%
Fonocaptor 2,5%
Amplificador 0,7%
Parlante 3,5%
Total 12,0%

Este es sin duda un sistema muy bueno. Muchos compañías de grabación y fabricantes de equipos lo hacen menos bien.

La razón para que el oído pueda aceptar estas altas cifras es que el oído humano se engaña fácilmente. Cuando se escucha un sistema realmente bueno, la persona está muy agradada con el propio, con deformación y todo lo demás. Sin embargo, una vez acostumbrado a una buena reproducción del sonido, no se satisfará luego con menos.

Una segunda valuación de las excelencias del equipo es la respuesta de frecuencia, es decir, la capacidad del sistema para reproducir con igual fidelidad las notas altas y bajas sin preferencia. La medida de la respuesta es llamada decibel o decibelio, un término que se emplea para indicar la intensidad de la señal eléctrica o sonora. Resulta que la diferencia de un decibel en la sonoridad es igual a la diferencia mínima en el nivel sonoro discernible al oído humano. Para mostrar cuán pobre es el oído, un aumento de tres decibeles (tres veces la diferencia mínima discernible al oído humano) es equivalente al doble del nivel sonoro. Por consiguiente, cuando los vendedores hablan de diferencias de “sólo tres decibeles” es una gran diferencia en el sonido aunque el oído no alcance a escucharlo.
Los ingenieros han podido hacer amplificadores prácticamente perfectos cuando se relacionan con la respuesta de frecuencia. Variaciones de un decibel en todo el espectro de frecuencia son la regla más bien que la excepción. Hasta los fonocaptores y los micrófonos se aproximan a este ideal. Los parlantes tienden a ser muy defectuosos, ya que los fabricantes raramente publican la respuesta de frecuencia en términos cuantitativas diciendo simplemente: “respuesta de cincuenta a quince mil ciclos por segundo” en vez de “respuesta de más o menos tres decibeles desde cincuenta hasta quince mil ciclos por segundo”. No son raras las variaciones de cinco a diez decibeles entre las frecuencias. El oído puede ser engañado, y los parlantes deben ser escuchados para que la decepción sea menos de lo que pensamos.

Esta es la razón por la que la mayoría de los expertos aconsejan comprar un buen parlante sin preocuparse cuán costosos son los otros componentes.

Otro aspecto de alta fidelidad se relaciona con una serie de botones en el sistema llamados “bajo”, “alto” e “igualamiento” o “LP, RIAA, AES”, etc. Bajo y alto son autoexplicativos: si se aumenta o disminuye el bajo se aumenta o disminuye las notas bajas sin alterar las altas. Análogamente, para las notas altas con el control alto. Variando estos controles se obtiene un sonido que se adapta al oído y a la sala de la casa.

El control de igualamiento equivale a una variación determinada en el sonido grabado. Como se dijo antes, la señal eléctrica que proviene del micrófono es modificada antes de ser enviada al grabador. Las notas altas se hacen más fuertes y las bajas más débiles de lo normal. Esto se hace por dos motivos: las notas altas pueden perderse en las imperfecciones o defectos del proceso de grabación y reproducción por? que son tan pequeñas (una milésima de pulgada entre las estrías del disco) que usualmente son débiles. Por esto son aumentadas artificialmente en el proceso de grabación, y deben ser disminuidas durante la reproducción en la casa o de lo contrario dañarán los tímpanos.
Las notas muy bajas se parecen a las marejadas del océano: se balancean en grandes giros que la aguja grabadora tiene que hacer curvas profundas en el disco y puede penetrar en el surco adyacente. Por tal motivo, las notas bajas son disminuidas en la grabación y deben ser realzadas cuando se toquen de nuevo, o se perderán por completo.

Estas igualdades se hacen automáticamente en el preamplificador cuando se mete la conexión del fonocaptor en la entrada “magnética”. Las entradas de cerámica o cristal no necesitan corrección amplificadora de esta clase puesto que el énfasis o realce apropiado de las frecuencias bajas y la falta de realce de las altas se efectúa en forma automática en el fonocaptor.

El sonido estereofónico (véase SISTEMA ESTEREOFÓNICO) es otro paso hacia un mayor realismo en la reproducción del sonido.